domingo, septiembre 23, 2007

El viento nos llevara de Abbas Kiarostami



Kiarostami tiene la cualidad de mostrarnos lo que puede ofrecer el cine cuando la narración de una película es sólo tomada cómo un pretexto para dar forma a aquello que por lo general sólo es visto cómo un preámbulo a un climax, que en este caso se encuentra fuera de la película; nos ofrece un diagnóstico de la vida por medio de las relaciones entra las personas en su vida cotidiana, conversaciones que en ocasiones se transforman en discusiones filosóficas y una mirada hacía la naturaleza y su relación con el hombre, cómo si estuvieramos frente a un pintor qué nos permite observar en que consiste su oficio, es decir, la reposada observación del movimiento que se genera en un paisaje, el cuál puede ser amplio cómo las montañas o microscópico cómo un escarabajo. Es quizá por esto por lo cuál sus películas pueden llegar a frustrar a muchos de los espectadores que se enfrentan a estas, sin embargo esa puesta en abismo quizá provenga de una ética hacía la muerte, dónde su imagen siempre es ocultada, rodeada de silencio. Así ocurre también en "El sabor de la cereza", dónde su protagonista intenta durante toda la película buscar quién lo auxilie en perpetrar su propio suicidio y nunca sabemos si llogra llevarlo acabo; y lo mismo podemos observar en "Y la vida continúa", que transcurre en un lugar dónde acaba de ocurrir un terremoto y sin embargo nunca se nos ofrece una mirada a las víctimas, sólo a los sobrevivientes. ¿Por qué esta persistencia de una muerte invisible en el cine de Kiarostami? Quizá para que los instantes, ese presente perpetuo que los hombres viven incansablemente, cobre mayor fuerza. Y es que transcurrir a través de la duración de sus películas requiere ponerse en un estado mental diferente al que estamos acostumbrados: esta es la prueba que se necesita experimentar para saber sí es que nos encontramos ante un director que tiene una visión estética sumamente personal, y por esto entiendo el cine verdaderamente valioso.